domingo, 20 de abril de 2008

¡y un pimiento!


¡Y un pimiento!

El que se pica es porque ajos come. No en el caso de los mojos rojos o nuestro mojo picón. Si pica es porque la pimienta hace su función y si es “de la puta de la madre” el mojo será picón y si es palmera seca llevará el inconfundible sabor tradicional de las islas. Al olor del adobo, baño de carnes, también se le adivina la pimienta seca, castigada previamente con un hervor para obtener lo mejor de si. Es la mas comercializada y extendida por las islas, en lugares como Puntallana (La Palma) su producción empieza a tomar forma de industrialización, aunque, afortunadamente, hoy día sigue siendo la pimienta linde del perejil y el cilantro en la agricultura familiar.

Nos llegó con la papa procedente de México, Bolivia y Perú donde se le conocía por chili. Sería a principios del siglo XX donde las caricias del hombre del campo europeo empezaron a endulzarlo. Muy usado en el norte peninsular, el “piperrak” de Lodosa o Guernica, el piquillo de Navarra o la variedad padrón son ejemplos vivos de la presencia de este producto en las diferentes culturas.

En las islas no hay tasca que no decore su cocina con la ristra de pimientas que nos transporta a la paciencia de una aguja y un hilo en la azotea o el zaguán para dejarlas secar al sol del atlántico. Embellecedora del paisaje culinario sus colores alimentan la vista; son ricas en vitamina C (muchísimo más que los cítricos) y analgésico natural, la picante, es ideal en dietas para adelgazar. Antioxidante con propiedades antidearreicas y antivomitivas. Imprescindibles en el recetario isleño son muchas las variedades que han llegado para quedarse definitivamente en los laboratorios del cocinero.

Señor maître, señor chef, mande firmes … y ahora gritad conmigo, ¡y un pimiento!.Un saludo

abraham barroso martín (elvallelataberna@gmail.com)

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