jueves, 13 de marzo de 2008

Mi Barcelona

Parece que en estos días, con la llegada de la primavera, los inspiradores de este blog andamos un poco perezosos a la hora de compartir nuestras experiencias viajeras y “guachinchiles”.

Cuando empieza el buen tiempo siempre me acuerdo de los maravillosos años que viví en Barcelona. En esta época la ciudad empezaba a desperezarse del suave invierno y comenzaba una explosión de color y sonido.

Yo vivía en el corazón del barrio de “El Raval”. Con corazón no utilizo una metáfora. Entre los edificios de un lado y el otro de la calle, a la altura del tendido eléctrico había un enorme corazón que se iluminaba cuando se encendía el alumbrado público (me encantaría saber a quién se le ocurrió…).

Haciendo esquina entre mi calle (Carrer Guifrè) y Joaquin Costa, hay una panadería pastelería que no tiene desperdicio. Les recomiendo firmemente que se pasen por allí si tienen la suerte de pasear por Las Ramblas y la zona del Macba (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona).

Recuerdo con gran cariño los enormes muffins (magdalenotas) de chocolate que me vendía el pastelero o su mujer cuando volvía cansada del trabajo a casa.

Un día, que no había gente en el establecimiento, me preguntó que de dónde era, por el acento sabía que no era catalana. Yo le dije que de Canarias. Sorprendentemente, el endulzador de paladares, comenzó a hacer aspavientos y a decirme: Vaya, paisana, somos casi del mismo lugar. Yo extrañada le pregunté: ¿de donde eres tú?. Él, con toda la normalidad del mundo, me contestó: De El Aiún, a nada, a ocho horas en patera de Canarias, hermana.

Mi Barcelona es así.

lunes, 3 de marzo de 2008

ARURE Y CASA CONCHITA

Arure es uno de esos caseríos que armónicamente situados marcan la frontera del tiempo. A 826 m de altitud en la isla de La Gomera, en las faldas del monte Garajonay, no es ajena a los vómitos de niebla, llovizna y fríos húmedos desprendidos de la masa vegetal del Patrimonio de la Humanidad. Arure es el guardián de los misterios de una legendaria laurisilva reconocida internacionalmente por su conservación. Esta frontera entre los claros y las nubes es paso obligado de todo visitante en su recorrido hasta el municipio más visitado de la isla, Valle Gran Rey.
De estas características brotan fieles pastores del recuerdo, la herencia y la tradición de un poblado de menos de 300 habitantes y con muchos menos en las largas temporadas de invierno. A la sombra de cada hogar de Arure las virtudes de una familia íntimamente relacionada con este caserío y con la vida gastronómica de La Gomera. Conchita y su familia desde antaño fueron fieles a la hospitalidad y a la tradición culinaria, forjando lo que hoy día es emblema de la gastronomía isleña, Casa Conchita.
Casa Conchita se ha convertido en seña de identidad de cada uno de los visitantes y gomeros que durante años han podido hacer un alto en el camino, para, acompañados de este extraordinario ambiente, deleitarse con un recorrido gastronómico ancestral, muy cuidado en herencia y hoy día aun más en los detalles que separan lo delicioso de lo único y exclusivo.
Casa Conchita es Arure y el potaje de berros, es el producto gomero arrancado de sus entrañas en un riguroso directo para ofrecérnoslo en una de sus ocho mesas de un familiar comedor. Berros que fueron alimentados del propio agua que emana del monte, acompañados de productos que han sido mimados por las experimentadas manos del hombre del campo gomero.
Fabián Mora regenta ahora Casa Conchita continuando con la saga de cocineros que han aprovechado la sabiduría de nuestros ancestros para llevarnos a la mesa la tradición, adornada con las nuevas tendencias de la cocina internacional y enriqueciéndola con sus conocimientos forjada en fogones e investigaciones sobre la cocina gomera a través de los tiempos.
Es La Gomera una isla digna para visitarla con asiduidad y parar en la frontera de Arure que es Casa Conchita, allí los fogones llevan desde 1948 cocinando y sorprendiendo a propios y extraños. Ahora se le ha sumado nueva savia con platos elaborados y trabajados en el momento; lo imprescindible para una comida a la altura de su potaje de berros. Repostería muy gomera como colofón a una rica carta con referencias a la carne adobada y frita, solomillos en salsa de gofio o la costumbre de los pescados: atún a la antigua, bacalao con vinagreta de miel. El paso del tiempo ha enriquecido una carta y un servicio en consonancia de lo que representa Casa Conchita y Arure, algo inolvidable.

Abraham Barroso Martín (Tasca El Valle).
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